De un tiempo a esta parte llevo pensando sobre las redes sociales, su uso, su sentido y su futuro. Cuando veo el auge y caída de las redes sociales y la importancia - o falta de importancia - que se les dan no puedo dejar de recordar lo que fueron y lo que son los tuentis y myspace. Con ello quiero decir que el futuro, incierto claramente, hacia donde vas las redes sociales líderes del mercado les espera un futuro poco prometedor.

Se da el caso que las redes sociales - bien sea facebook, twitter, IG - son un microcosmos y cuando me pongo a mirar a mi alrededor la mayoría de mis amigos no están en ellas o su uso es muy limitado. Si miro en mis familiares a penas los usamos un par de personas. Esto me lleva a pensar cual reflejo de la sociedad son las redes sociales. ¿Son un experimento qué ha generado una especie de inteligencia colectiva? ¿Tienen futuro en un mundo donde cada individuo está cada vez más preocupado y concienciado de su propia privacidad?

Como todas las preguntas complejas no tienen soluciones sencillas. Y al igual que muchas otras cuestiones no tengo una respuesta. Tengo un esbozo de ideas, algún que otro pensamiento, unos días me levanto pensando una cosa y la semana siguiente la contraria. Dudo. Y eso es bueno.

Mi relación con las redes sociales ha evolucionado y cambiado mucho en los últimos años. De tener una cuenta en tuenti donde compartía fotos con la novia de ese momento, abrirme una cuenta en facebook en el año 2007 al final de mi Erasmus para mantener el contacto con el resto de amigos de toda Europa y en el que básicamente había fotos de fiestas y resacas, abrirme una cuenta de twitter con un perfil más de difusión del pensamiento crítico, científico, emprendedor y político hasta que actualmente publico pocas cosas principalmente por falta de tiempo. De tiempo y de ganas.

Cierto es que he conocido gente fantástica en redes sociales. He establecido relaciones de amistad y alguna vez de más que amistad. Pero cada vez veo menos la necesidad de tener que opinar de todo, de saber de todo cuando realmente seguimos sin saber nada. Las redes sociales cada vez están más polarizadas, es un todos contra todos, y lo que era, sí he dicho era, una herramienta fantástica me parece que ya no lo es tanto. Lo mismo le pasó a la televisión, sigue habiendo documentales en La 2 pero lo que triunfa es ... bueno la verdad es que no tengo ni idea de lo que triunfa en la televisión.

Con esto que quiero decir, pues que no creo que todos tengamos que tener una opinión sobre todo tema, una opinión de expertos de salón, de tertulianos de barra de bar en el que tengamos que decir desde con que lenguaje hablar, que partido ganará las próximas elecciones, como legislar el aborto o si somos alma o materia. Y esto es extensible no sólo para mi sino también para figuras públicas, famosos y políticos. Prefiero saber bien sobre unas pocas cosas que ser un opinólogo de todo. La sobreexposición en redes no es positiva, y hay mucha vida más allá.

También he visto un auge en los últimos tiempos de los grupos de chat y mensajes privados. Frente a la exposición pública de todo, a compartir lo que te gusta con quien te importa. Y puede que esa sea el futuro, compartir las fotos de una boda, una excursión o de tu último viaje sólo con un grupo seleccionado de amigos y familiares. No creo que las redes sociales desaparezcan, y yo de momento no me voy de ellas, pero sí que todavía les quedan mucho camino que recorrer en su encaje como medio de comunicación y en el uso que le damos, que sin lugar a dudas no es el mismo que hace diez años, ni es el que le daremos dentro de otros diez.

Autor Chema Larrea
2018 9 de November